martes, 17 de noviembre de 2009
3 3 3. . .
Correr por el puente
de su lejanía cismante
hasta encontrarla de pronto
escondida en su mirada
agazapada en sus ojos con lunares
Caer libertario al abismo de su abrazo
Perderme
como el tiempo en su infinito
en el laberinto
húmedo que deskonozco
Ser un 9 para un 3-3-3
Aceptar la condena
Morir
de
cercanía.
sábado, 31 de octubre de 2009
UnA Mujer...Silvio Rodríguez
Una mujer
Una mujer con cristales de mar
Viaja dentro de mí coloreando mi sangre
Quitando el carbón
Que ha tapado mi buen corazón
Que ha tapado mi buen corazón
Una mujer
Una mujer
Una mujer
Que no es celestial
Sobre un potro partió
Hacia todos los pueblos
Que habitan en mí
Y ha tenido un camino feliz
Y ha tenido un camino feliz
Pobre de mí
Pobre de ti
Pobre de todos los que amen así
Sobre un potro que vuela
Añorando barrancos
Tan cercanos que lucen mortajas
De blanco
Pobre de mí
Pobre de ti
Pobre montura que cuelga el amor
Sobre tantos desastres y canciones
Y mangos sobre tanta cansada emoción
Qué desgaste
Una mujer
Una mujer
Una mujer no esperada por mí
Cabalgando llegó
A clavar en mi tierra
Su nombre y canción
Y a soltar bajo fianza el amor
Y a soltar bajo fianza el amor
Más de unA vez...Silvio Rodríguez
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.
Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar deprisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión:
más de una vez no tengo invitación.
Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.
Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.
Cuántas veces al díA...Silvio Rodríguez
¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?
¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
No busquen más alrededor.
Ustedes son, no busquen más.
No es el de atrás, ustedes son.
No es el de al lado, no,
eres tú mismo, sí,
el que sonríe bien, el que sabe callar.
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida?
¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes?
¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
lunes, 10 de agosto de 2009
Ahora duerme...

YO SUICIDÉ A UNA ROSA/MUCHACHA
La luna
en su locura de espejo empañado
esclaviza mis deseos
y los arrastra hasta ponerlos
de rodillas frente a esa rosa
que me miraba
que le gustaba mirar
mientras
fálicamente yo le acariciaba
el interior de su boca sin dientes ni lengua ni palabras.
Fornicio. Abrías las piernas, rosa, tus encendidos pétalos, hacia la pequeña muerte.
Pequeño túnel humedecido donde [(yo)] moría eternamente por unos pocos segundos.
Nadie entiende
nadie puede entender
la lengua de los disfraces desnudos
del sexo de los que yo veía todas las noches
en verano, cuando ya estaba más solo y miraba la luna
y volvía a palpar con imaginarios labios
tu vaginal saliva
ahora en decadencia entre mis dientes.
Sé que nadie va a escucharme. Ella se suicidó en mí.
Yo dejé que lo hiciera, que clavara sus espinas inadvertidas
y me quedé vivo tragando mares de frágiles gemidos
que se resquebrajan bajo el fuerte golpe de la estupidez de una lágrima
que se escapa rebelde del ojo [por]que ya no va a verla
con su delicado inflamable disfraz de íntima putita
o su témpano despreciable de flor desengañada.
Ahora duerme...
YO SUICIDÉ A UNA ROSA/MUCHACHA
La luna
en su locura de espejo empañado
esclaviza mis deseos
y los arrastra hasta ponerlos
de rodillas frente a esa rosa
que me miraba
que le gustaba mirar
mientras
fálicamente yo le acariciaba
el interior de su boca sin dientes ni lengua ni palabras.
Fornicio. Abrías las piernas, rosa, tus encendidos pétalos, hacia la pequeña muerte.
Pequeño túnel humedecido donde [(yo)] moría eternamente por unos pocos segundos.
Nadie entiende
nadie puede entender
la lengua de los disfraces desnudos
del sexo de los que yo veía todas las noches
en verano, cuando ya estaba más solo y miraba la luna
y volvía a palpar con imaginarios labios
tu vaginal saliva
ahora en decadencia entre mis dientes.
Sé que nadie va a escucharme. Ella se suicidó en mí.
Yo dejé que lo hiciera, que clavara sus espinas inadvertidas
y me quedé vivo tragando mares de frágiles gemidos
que se resquebrajan bajo el fuerte golpe de la estupidez de una lágrima
que se escapa rebelde del ojo [por]que ya no va a verla
con su delicado inflamable disfraz de íntima putita
o su témpano despreciable de flor desengañada.
domingo, 21 de junio de 2009
A quien pueda comprender: la [pobre] hija del fletero
LA HIJA DEL FLETERO
La hija del fletero, linda, infinita
volvió a Madrid donde parece que es feliz
ese día me mandó al descenso
recuerdo cómo su mirada me volteó
pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa
ay! si pudiera recordar sin rencor
en mi buzón hay un par de cartas suyas
fueron juntándose y no tengo el valor
todavía su amor me da descarga
nunca tuvo un higo seco junto a mí
pero a los ciegos no les gusta los sordos
y un corazón no se endurece porque sí
“no calentás la misma cama por dos noches”
me reclamaba y no la quise oír
hice de todo por impresionarla
y dejé huérfano todo su penar
pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa
ay! si pudieras recordar sin rencor
no me gustó como nos despedimos
daban sus labios rocío y no bebí
sopa de almejas es todo lo que como
siempre fui menos que mi reputación
pero a los ciegos no les gusta los sordos
y un corazón no se endurece porque sí.
[Patricio Rey y sus Redonditos de ricota]